jueves, 2 de abril de 2020

Un viaje inesperado



La incertidumbre de lo que pudiera ver o conocer, el desconocimiento de lo que venía era más que misterioso para este espíritu.
El conocimiento previo de la experiencia de mi vida me llevaba a dudar de lo que pudiera ver en este viaje que comenzaba. Salir de la zona de confort del estudio de las diferentes artes que rondaban mi vida a lo largo del tiempo, un aprendizaje estricto y dedicado (no es que en esta ocasión fuera a cambiar la estructura del método) sino que representaba enfrentarme con algo totalmente diferente de lo que acostumbraba.
El misterio llamaba a abrir mi mente por completo.
El conocimiento previo, la terminología, la lógica del sentido, el despertar de la intuición. En este punto de mi experiencia la intuición se metía cuando menos lo esperaba, sin darle mucha importancia, ¿en este viaje? La intuición seria protagonista.
El asombro de la significación que nos lleva a callejones en donde el misterio se desvela dejándome entrar a un mundo diferente.
A medida que el tiempo pasaba y yo avanzaba en este arte, me sentía correspondida por una fuerza que recorría mi interior, me estaba abriendo sin miedo, por primera vez, en algo que crecía en mi interior. Algo que no tenía que ser entendido con la razón solamente, sino con algo más: ¡el espíritu!
Para no explayarme demasiado en este resumen, solo diré que, a lo largo de las enseñanzas de las artes ocultas, solo necesite soltar la intuición, algo que me enseño la filosofía es que la intuición no se da con facilidad, porque nuestra mente está estructurada de otra forma y soltar la intuición significa captar el mundo que no vemos, captar las señales que dejamos pasar por estar dormidos.
Soltar aquello que “supuestamente” no existe es creer la posibilidad de aquello que esta y no vemos, y por la tanto, es poner en funcionamiento aquello que tenemos adentro y tal vez quizás nunca descubriremos a lo largo de nuestras vidas.
Pero yo sabía que mi vida estaba estructurada de otra forma, solo que no sabía cómo.
Mi viaje me llevo a conocerme internamente, mi historia, mi pasado, mis sentimientos ocultos, mis habilidades espirituales, lo que estaba y no se dejaba ver, lo oculto.
Sé que este es el principio del todo y que todo va a fluir más dinámicamente porque aquello que creía que estaba y no sabía cómo verlo, se develo y añoro seguir explotando mi espíritu para poder ver aquello que sigue oculto en mí y en consecuencia conectar internamente con el “asombro “de los misterios de la vida.

Solo fue por casualidad


Fue un día cualquiera y por casualidad, así como se dan las cosas en las personas que buscan algo más.
Un día cualquiera en las vidas normales de dos personas que se encuentran en el espacio temporal de la vida virtual de cualquier viernes por la noche.
Y digo, fue casualidad porque así fue: pura casualidad.
Ella, entraba en una aplicación por primera vez esta ocasión, descubriendo el mundo de aquellas personas que, de alguna manera, la observaban.
El, ya acostumbrado y con pocas ilusiones de algo que valiera la pena conocer, diríamos, cansado de hablar y de vender una imagen ficticia de el mismo para el mundo.
Fue por casualidad que coincidieron esa noche cálida de fines de noviembre a las 2 am de la madrugada, el volviendo de un cumpleaños. Ella, apunto de irse a la cama, cansada de tanta mediocridad. Así, coincidieron.
El interés claro, fue la imagen que vendían las fotos perfectas. Ella buscando escapar de alguien parecido a ella. Esta vez buscaba algo que la animara, algo diferente.
El, siempre volátil, común, bohemio y algo loco, como para encajar es un mundo totalmente cargado de sentido para ser cierto, algo inesperado.
Como para resumir el encuentro, todo fue sutil y agradable. Corto y sencillo. Y con eso se cortó la comunicación.
Lo importante de la comunicación en este caso, es que siempre fue inesperada.
El aparecía cuando ella menos lo esperaba, pues, ella pensaba en otra cosa o en otra persona, siempre buscado la semejanza, nunca se dio cuenta que él se estaba metiendo atrevidamente como suele aparecer en su vida y así sería más adelante. Él es un atrevido.
Sus encuentros fueron siempre de ese estilo, como el, ¡atrevidos!  Ella empezó a darse cuenta que él le llamaba la atención, un primer encuentro desafortunadamente brillante que dejaría marcas en ambos para una futura invitación en el futuro. El misterio, con una pizca de invitación a un vistazo de la vida de él, que los descolocaría a ambos por completo, para invitar a un distanciamiento en lo que podríamos llamar “ en vivo y en directo”, pues, solo gobernaría los sentimientos y en el transcurso de los días a la mera virtualidad como de costumbre, pues, él se siente cómodo en el anonimato del no estar presente, porque teme en el fondo a involucrarse por completo en un asunto que tal vez lo saque de su zona de confort en donde está acostumbrado a navegar. Ella esa situación la haría dudar de todo, porque el misterio volvía a ser protagonista.
No es que ella sea un riesgo para él, simplemente en la complejidad de su persona, ella es lo más simple de la normalidad, como esas personas que en el fondo, no le temen a acostumbrase a nuevos escenarios de la vida. Pero atención, los escenarios que mencionamos son aquellos en donde la vida nos muestra otra forma de caminar. Nada la desamina.
Como fieles súbditos a sus elementos de nacimiento, ella- Agua; el- Fuego. El destino pareciera ponerlos en sinfonía, para algo más brillante, la lucha con sus propios demonios, no solamente del pasado, demonios que incitan a no acercarse demasiado, a no involucrarse, pero al mismo tiempo la ansiedad de la estabilidad emocional los lleva al universo del tire y afloje de las emociones. “no te involucres, no te enamores, no tan rápido…”
Y así fue, la estabilidad llamaba a un alto, a un descanso, a una tranquilidad (con dos personas opuestas…eso jamás iba a pasar).
Sin embargo, se acostumbraron a caminar con las voces de sus propios círculos individuales, las opiniones, las advertencias: lo hermoso duele, lo hermoso hay que cuidarlo…
El tenía más miedo que ella. Ella se lanzaba cuan “Loco” hacia lo desconocido para transformar lo que venía.
Ella le dio la tranquilidad que el buscaba. Y comenzaron la construcción.
En este punto de la historia de estos dos, podemos añadir que el amor floto con ellos, como cuan barrilete baila en el aire, nada podía salir mal.
Y así fue, desde afuera el corazón y la razón observaron este nuevo momento en sus vidas e hicieron una apuesta de cuánto tiempo los opuestos podrían conseguir el equilibrio, ninguno de los dos pudo resistir la incertidumbre que esto podía ocasionar, pero con el correr del tiempo no solo el equilibrio llego, sino que la construcción vino para quedarse, los opuestos se habían puesto de acuerdo para caminar a pasos agigantados. Lo mejor venia corriendo.
Ella volvió a creer que ese chico que al parecer no le ofrecía ni un roll de la mejor comida japonesa, al final le dio mucha más que eso…la esperanza para poder formar aquello que creía perdido. Entendió que las mejores cosas no se encuentran en la semejanza total de lo que creemos que el amor habita, sino en lo diverso en lo que el amor nos puede conducir.
El entendió que, con ella, se puede crecer desde el animarse a caminar con lo que se teme, soltar el espíritu y que el corazón está para quebrarse o romperse, en el fondo el corazón sabe sanar.
Entendió que la familia es más de lo que pensaba y que su pequeño mundo debía abrirse para dejar salir el temor por lo que no se sentía cómodo. Esconder en su interior toda la dulzura que lo caracterizaba no lo protegía, sino que no le permitía crecer. Abrirse para el amor en su interior solo podía hacer una cosa. Sacar lo mejor de sí para volver a amar y sentirse amado.
Como esta historia nació de la casualidad, como esas cosas que pasan tan rápido sin que nos dejen pensar…. Y que a simple vista no tienen sentido, resulta que tienen todo el sentido del mundo, los opuestos se atraen y si la apuesta es correcta… el corazón y la razón por fin se dieron la mano. ¡Nuestro trabajo está hecho! Solo era cuestión de que el equilibrio viniera para quedarse.